El Libro, protagonista indiscutible del mes de abril, lo es también de esta sección pero desde un punto vista singular. Las Cuentas de gastos de la edición de la Historia de Canarias, de José de Viera y Clavijo –documentos pertenecientes al fondo Rodríguez Moure- nos permiten rendir homenaje a ese vehículo transmisor de la cultura.
En este expediente podemos encontrar recibos del impresor de la obra -Blas Román- los gastos desglosados en conceptos como licencias, materiales para la impresión, encuadernación, la tirada de cada uno de los cuatro tomos en los que se editó la Historia, etc.
Blás Román ejerció su actividad como impresor desde 1769 hasta 1796. Tenía su taller en la Plazuela de Santa Catalina de los Donados, en Madrid. Fue impresor de la Corte, así como de la Real Academia de Derecho Español Público y de la Junta de Comercio, Moneda y Minas. A pesar de ostentar estos cargos, Román encabezó una protesta junto con otros once impresores en 1792, dirigiendo un Memorial al monarca Carlos IV en el que denunciaban la opulencia de la Imprenta Real, que se estaba dedicando a imprimir “cualquier librillo, novena u otro papelucho”, a pesar de que en sus prensas no se debían “hacer obras para ganar, sino para instruir”. El impresor debió de fallecer hacia 1797, sin descendencia, y sin que figure sustituto alguno para sus cargos.
Este material, de enorme valía y singularidad, permite una aproximación a la historia del libro desde otro faro, aquel que alumbra al pasado de la edición y la imprenta en el Siglo de las Luces.


